miércoles, 3 de diciembre de 2014

EL ABANDONO DE LAS ÁREAS CENTRALES, PONE EN JAQUE A LA CIUDAD

Articulo de Silvia Fajre

El proceso de urbanización creciente y sostenida de los últimos años produjo innumerables cambios. No solo modificó la cantidad y el tamaño de ciudades sino también su estructura y dinámica de crecimiento. Estos cambios tuvieron implicancias tan amplias que hoy no podemos evaluar en su totalidad pero son por lejos una marca insoslayable del siglo XXI en la ocupación del territorio.

Muchas ciudades que presentan pérdida de vitalidad de las áreas centrales tradicionales  -entendiendo por ésta  a las  áreas de concentración de actividades jerárquicas- nos muestran consecuencias  graves para su funcionamiento, su población y su entorno.

La pérdida de los atributos que le conferían atractividad a la centralidad,  llevo a que esa valoración positiva está cuestionada o destruida. El desplazamiento de las actividades que le otorgaban heterogeneidad y prestigio, si no han desaparecido, agonizan.

El crecimiento, con este patrón, genera nuevos fenómenos urbanos, configurando innumerables variantes: metrópolis, megalópolis, ciudades- región, ciudad difusa, etc.
Muchas de estas ciudades son extendidas sin núcleo o con núcleos débiles. Esto es una ecuación muchas veces antieconómica y poco ecológica, porque los procesos de urbanización, como un pacman insaciable se va devorando tierras valiosas para transformarlas en  áreas antropizadas con urbanizaciones de distinto carácter. En las ciudades latinoamericanas, el crecimiento se presenta enhebrando guetos de distintas clases sociales, donde colindan  pero no articulan, empobreciendo la vida urbana. 

El abandono de la actividad residencial de esta centralidad,  prohija áreas subutilizadas y exige desplazamientos con gran conflictividad: mayores tiempos de viajes, gran gasto energético,  abandono de áreas con fuerte valor patrimonial de gran representación  simbólica, o con gran infraestructura, generando así una gran des-economía urbana.
 Para darnos una idea aproximada de este fenómeno se puede observar la situación de la Ciudad de Buenos Aires. Diariamente entran a la ciudad 3.000.000 de personas, casi un valor equivalente a su población residente, incorporando 1.000.000 autos que ocupan aproximadamente 8.000.000 de m2 en estacionamiento.

Una de las consecuencias sociales más notorias es la falta de pertenencia por este espacio, en el cual no hay habitantes, sino simplemente usuarios temporarios. El espacio público lo refleja descarnadamente; su sobreuso o abandono son las caras de la misma moneda.

 Un caso paradigmático es Venecia: de los 170.000 habitantes que residían en el centro, actualmente solo resisten 54.000 habitantes, poniendo en evidencia la gravedad del problema. 

La utopía del suburbio mostró su limitación y su fragilidad: muchas ciudades, alertadas por estos problemas, han invertido grandes recursos y esfuerzos  para estos procesos de revitalización, como Madrid, Nueva York, Quito o Miami. Algunos fueron exitosos, otros sólo pudieron frenar el proceso de drenaje.

Sin embargo, pese a que desde hace mucho tiempo se advierte este fenómeno,  en nuestro país seguimos empeñados en restarle importancia. Contemplamos pasivamente el abandono de estas áreas centrales, favoreciendo un tejido urbano anómico. Si bien las mejoras del espacio público son un incentivo importante, se requiere una política complementaria de carácter integral para atraer residentes. ¿Cómo impulsarlas? con créditos u operaciones de rehabilitación para viviendas contemplando sus equipamientos complementarios, por un lado,  y, por otro, movidas culturales y de otro tipo para visibilizar y recuperar el área en el imaginario colectivo,  entre otras cosas.   

Lo  que queda claro es que este fenómeno es un modelo de crecimiento cuestionable. A la luz de todos los costos sociales, económicos y ecológicos, la situación pide a gritos nuevas propuestas para estos  problemas: volver a una ciudad más amigable, aprehensible, más respetuosa con nuestro entorno, minimizando la huella ecológica. Básicamente, se hace necesario recuperar el espacio para el encuentro y la articulación social, que es la esencia de toda ciudad.


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